Blog · Proceso editorial
Cuando alguien me escribe por primera vez, casi nunca pregunta por la tarifa directamente. Primero quiere saber cómo trabajo, cuánto tarda y si su manuscrito encaja con mi forma de leer. Estas son las dudas que más se repiten y las respuestas que suelo dar.
Publicado el 12 de marzo de 2025 · Lectura de 6 minutos
La primera consulta suele empezar con un mensaje breve: «tengo una novela terminada, ¿me puedes echar un vistazo?». Detrás de esa frase se esconden varias preguntas que no siempre se formulan con claridad. Con los años he aprendido a anticiparlas, porque de ellas depende que el encargo funcione o que el manuscrito se quede a medio camino.
No es lo mismo un texto que solo arrastra erratas que uno con problemas de ritmo o de estructura. Antes de contratar nada, conviene saber si el manuscrito está en fase de borrador o si ya ha pasado por varias reescrituras. Mi recomendación es enviar los primeros diez o quince folios junto con una sinopsis: con eso puedo orientar sobre el tipo de trabajo que conviene, sin comprometer al autor a un servicio completo.
Trabajo sobre el documento original con control de cambios, de modo que el autor vea cada modificación y pueda aceptarla o rechazarla. Junto a eso, preparo un informe aparte donde explico las decisiones de estilo que no se pueden resolver con una simple anotación al margen: problemas de voz narrativa, repeticiones estructurales, personajes que pierden fuerza en el tramo final. Ese informe es tan importante como las correcciones mismas.
Cada proyecto incluye dos rondas completas. La primera sirve para aplicar los cambios grandes y ver cómo responde el texto. La segunda se centra en afinar lo que haya quedado pendiente y en comprobar que las soluciones propuestas no han creado nuevos desajustes. Si después de eso el autor necesita una tercera pasada, se puede acordar por separado, pero en la mayoría de los casos dos rondas bastan para dejar el manuscrito en un punto sólido.
Sí, y es una de las primeras cosas que aclaro. La corrección se hace siguiendo la norma del español peninsular, con sus particularidades de uso y de léxico. Si el autor escribe en otra variante, también puedo adaptarme, pero siempre es mejor hablarlo antes de empezar para que no haya sorpresas con el criterio.
Si alguna de estas dudas te resulta familiar y quieres contarme en qué punto está tu manuscrito, puedes escribirme directamente. No hace falta tener el texto terminado: a veces una conversación a tiempo evita meses de trabajo en la dirección equivocada.
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